ITALIA 1 - AUSTRALIA 0

Italia: Buffon; Zambrotta, Cannavaro, Materazzi, Grosso; Gattuso, Pirlo, Perrotta; Del Piero (Totti, m.75); Toni (Barzagli, m.56), Gilardino (Iaquinta, m.46). DT: Marcello Lippi
Australia: Schwarzer; Culina, Moore, Neill, Chipperfield, Grella, Wilkshire, Sterjovski (Aloisi, m.82), Cahill, Bresciano, Viduka. DT: Guus Hiddink
Gol: Totti (94')
Amonestados: Grella, Grosso, Gattuso y Zambrotta (I), Cahill y Wilkshire (A)
Expulsado: Materazzi (I)
Árbitro: Medina Cantalejo (ESP)
Estadio: Fritz-Walter-Stadion de Kaiserlautern.
LA COPA DEL MUNDO sigue con su autobombo a pleno. Es que no nos dejan opción: decimos que Argentina no es ninguna maravilla aunque gane 6-0, y ahí van los muchachos a empatar un partido y ganar con amplias dosis de sufrimiento otro; decimos que Hiddink es el mejor técnico del mundial, y ahí va, con un equipo de maletones, a clasificar históricamente a octavos y jugarle un partidazo a los italianos. Pero también dijimos que había que cuidarse de los árbitros, mientras todos se llenaban la boca diciendo que el nivel del referato era excelente y aprobaban sanciones o se desgañitaban pidiendo tarjetas, con verdadera alma de buchones. Señores: lo de hoy fue vergonzoso, pero de ninguna manera inesperado. Las recomendaciones fifescas en nombre de esta versión hipócrita del Fair Play están matando al fútbol. Perdón por el tremendismo, pero esto está escrito desde la indignación y la calentura. No hacen falta mamarrachos en instancias definitorias como Australia-Croacia o Portugal-Holanda para darse cuenta. En un partido que estaba casi definido, Alemania 2-Suecia 0, la expulsión por doble amonestación (la primera, si se recuerda, para compensar una amarilla alemana) de un jugador sueco desniveló definitivamente el desarrollo en favor de los teutones. A la presión del público, los jugadores y los medios, los jueces deben sumarle ahora la de sus todopoderosos jefezuelos, que los abruman con marchas y contramarchas en pos de un (anti)futbol cosmético, monocorde y tristón.
Esta crónica, hasta la imbécil puesta en evidencia de Medina Cantalejo, estaba lista para ser otra, la de la justa victoria (en suplementario o en penales, lo mismo hubiera dado) de un equipo que primero controló y luego superó, con las mejores armas -marca férrea pero siempre lícita, prolijidad y dinámica en el mediocampo, y una confianza emocionante en la propia idea del juego- y las falencias más entendibles -falta de definición en los últimos metros, cierta exposición defensiva en los mínimos arrebatos de dignidad itálicos-, a una selección italiana que lejos estuvo de la que habíamos visto en su debut con Ghana o en largos pasajes contra Reública Checa. Italia volvió a jugar como ante EE.UU., con el terror pánico que le da enfrentar a equipos chicos y tener que ser protagonista. De nuevo, repartió brusquedades (¡qué manía con el codazo traidor!) por doquier, y el árbitro español se vio en la obvia disyuntiva de respetar a rajatabla las consabidas recomendaciones -en cuyo caso la azzurra hubiera terminado con 8 jugadores en vez de los 10 con que lo hizo- o respetar al negocio. Porque claro, un Australia-Suiza o un Australia-Ucrania en cuartos, con el agravante de uno de esos dos equipos en semis, hubiera sido, para decirlo hollywoodescamente, "veneno de boleterías".
Ésta, insistimos, debería haber sido la crónica de Australia 1-Italia 0, con gol de chilena (como la que erró por poquito) de Aloisi, que en los diez minutos que jugó creó más peligro real que el que sus seis compañeros atacantes le habían generado a los diez defensores peninsulares en todo el segundo tiempo. Pero cuando faltaban 20 segundos para cumplir con el tiempo adicionado e ir al alargue, una camiseta azul enganchó en el área, una amarilla cayó al piso, las piernas de la camiseta azul buscaron un choque imposible -e increíble- y Medina Cantalejo entendió, por fin, que las reglas del negocio son siempre, siempre, más importantes que las del juego. Nosotros también -aunque lo sospecháramos desde antes- y por eso hoy es un día triste.
PD: Hasta siempre, Señor Hiddink.
