ITALIA 2 - ALEMANIA 0
Alemania: Jens Lehmann, Arne Friedrich, Per Mertesacker, Christoph Metzelder, Philipp Lahm, Bernd Schneider (David Odonkor, 83), Sebastian Kehl, Michael Ballack, Tim Borowski (Bastian Schweinsteiger, 73), Miroslav Klose (Oliver Neuville, 111) y Lukas Podolski. DT: Juergen Klinsmann.
Italia: Gianluigi Buffon, Gianluca Zambrotta, Fabio Cannavaro, Marco Materazzi, Fabio Grosso, Mauro Camoranesi (Vincenzo Iaquinta, 91) , Andrea Pirlo, Gennaro Gattuso, Simone Perrotta (Alessandro Del Piero, 104), Francesco Totti y Luca Toni (Alberto Gilardino, 74). DT: Marcello Lippi.
Goles: 119m Grosso (I); 120m Del Piero (I).
Amonestaciones: Tim Borowski, Christoph Metzelder (A); Mauro Camoranesi (I).
Arbitro: Benito Archundia (México).
Estadio: Westfalenstadion en Dortmund.
En un mundial de más que discreto nivel técnico, no es de extrañar que esta Italia amarreta, mezquina, con más entrega que fútbol, ya tenga asegurado su pase a la final. Esta vez el derrotado fue el inexpresivo equipo alemán, al que lo “trabajo” durante los 90 reglamentarios, en los 30 del alargue, hasta que pudo liquidarlo a minutos de ir a la definición por penales.
Los goles (golazos) de Grosso y Del Piero marcaron una diferencia tal vez exagerada, porque a los largo de los 120 minutos de juego los peninsulares habían sido apenas algo más que los germanos. Pero si tomamos en consideración que para el pase a la final hay que contabilizar lo realizado por ambos en seis encuentros, entonces se puede concluir en que es justo que Italia esté este domingo peleando el título ante el ganador de Portugal-Francia.
Para Alemania hubiese sido demasiado premio jugar el domingo, por su sola condición de local.
Guste o no, el juego de los “tanos” es efectivo para un campeonato de solo siete fechas, en que cada partido es una final. Tienen al mejor arquero del torneo (un solo gol en contra… y se lo hizo un compañero), la defensa marca con mucha seguridad y tiene una aceptable salida; en la zona media equilibran el buen trato de Camoranesi, el fervor y entrega de Gatuzzo y el criterio de Pirlo, como para manejar acertadamente la pelota, y arriba entre Totti y Toni (aunque esta vez estuvo muy deslucido), con más las proyecciones de los laterales, se las ingenian para lastimar a la defensa rival.
Ese fue, esencialmente, el libreto de los de Lippi, que al igual que los locales se cuidaron en toda la primera etapa más de evitar el error propio, que de presionar para lograr el del rival.
De todos modos en el tiempo reglamentario ambos dispusieron de ocasiones para desnivelar, pero Bufón respondió muy bien ante remates de Klose, Schneider y, especialmente, de Poldolsky, mientras que su colega alemán tapó con acierto un envío de Grosso y casi sobre el final una entrada de Perrotta.
Para el suplementario Italia “apretó” un poco más arriba y Alemania comenzó a mostrar su desgaste. Los peninsulares mejoraron con el ingreso de Iaquinta (suplió al amonestado Camoranesi), porque funcionó con mayor acierto la conexión en la zona de medios y le dio más alimentación al ataque, en el que ya Gilardino había relevado al deslucido Toni.
Dos veces las maderas le impidieron desnivelar el marcador a Italia y era evidente que con el correr de los minutos Alemania iba quemando las reservas físicas, por lo que inteligentemente Lippi hizo ingresar a Del Piero para buscar una más rápida circulación de pelota, a la espera que el cansancio hiciese aflorar “baches” en la zona defensiva teutona.
Italia no tuvo apuro. Espero su momento y cuando todos apostabamos a la definición por penales, una buena combinación colectiva fue culminada por Grosso con un remate bien “rosqueado” que superó la estirada de Lehmann.
Y el público local no se reponía todavía de ese baldazo de agua fría cuando Del Piero puso el golpe final a la ilusión alemana con una definición de alta categoría.
El domingo el fútbol italiano (que en el plano domestico atraviesa una crisis muy profunda por corrupción) puede llegar a la cima del mundo. Esperan desde 1982 y, en verdad, no eran muchos los que apostaban que llegaban a la final. La propia prensa italiana castigó a este equipo con duras críticas, que en gran medida fueron justificadas. Porque este equipo de Lippi está muy lejos de deslumbrar, pero es efectivo y allí esta el resultado.
Alemania nunca le pudo ganar a Italia en un Mundial Estaban sus jugadores, su técnico y su público esperanzados en que esta vez iban a poder. Tendrán que esperar otros cuatro años para intentar romper el maleficio.
Italia: Gianluigi Buffon, Gianluca Zambrotta, Fabio Cannavaro, Marco Materazzi, Fabio Grosso, Mauro Camoranesi (Vincenzo Iaquinta, 91) , Andrea Pirlo, Gennaro Gattuso, Simone Perrotta (Alessandro Del Piero, 104), Francesco Totti y Luca Toni (Alberto Gilardino, 74). DT: Marcello Lippi.
Goles: 119m Grosso (I); 120m Del Piero (I).
Amonestaciones: Tim Borowski, Christoph Metzelder (A); Mauro Camoranesi (I).
Arbitro: Benito Archundia (México).
Estadio: Westfalenstadion en Dortmund.
En un mundial de más que discreto nivel técnico, no es de extrañar que esta Italia amarreta, mezquina, con más entrega que fútbol, ya tenga asegurado su pase a la final. Esta vez el derrotado fue el inexpresivo equipo alemán, al que lo “trabajo” durante los 90 reglamentarios, en los 30 del alargue, hasta que pudo liquidarlo a minutos de ir a la definición por penales.
Los goles (golazos) de Grosso y Del Piero marcaron una diferencia tal vez exagerada, porque a los largo de los 120 minutos de juego los peninsulares habían sido apenas algo más que los germanos. Pero si tomamos en consideración que para el pase a la final hay que contabilizar lo realizado por ambos en seis encuentros, entonces se puede concluir en que es justo que Italia esté este domingo peleando el título ante el ganador de Portugal-Francia.
Para Alemania hubiese sido demasiado premio jugar el domingo, por su sola condición de local.
Guste o no, el juego de los “tanos” es efectivo para un campeonato de solo siete fechas, en que cada partido es una final. Tienen al mejor arquero del torneo (un solo gol en contra… y se lo hizo un compañero), la defensa marca con mucha seguridad y tiene una aceptable salida; en la zona media equilibran el buen trato de Camoranesi, el fervor y entrega de Gatuzzo y el criterio de Pirlo, como para manejar acertadamente la pelota, y arriba entre Totti y Toni (aunque esta vez estuvo muy deslucido), con más las proyecciones de los laterales, se las ingenian para lastimar a la defensa rival.
Ese fue, esencialmente, el libreto de los de Lippi, que al igual que los locales se cuidaron en toda la primera etapa más de evitar el error propio, que de presionar para lograr el del rival.
De todos modos en el tiempo reglamentario ambos dispusieron de ocasiones para desnivelar, pero Bufón respondió muy bien ante remates de Klose, Schneider y, especialmente, de Poldolsky, mientras que su colega alemán tapó con acierto un envío de Grosso y casi sobre el final una entrada de Perrotta.
Para el suplementario Italia “apretó” un poco más arriba y Alemania comenzó a mostrar su desgaste. Los peninsulares mejoraron con el ingreso de Iaquinta (suplió al amonestado Camoranesi), porque funcionó con mayor acierto la conexión en la zona de medios y le dio más alimentación al ataque, en el que ya Gilardino había relevado al deslucido Toni.
Dos veces las maderas le impidieron desnivelar el marcador a Italia y era evidente que con el correr de los minutos Alemania iba quemando las reservas físicas, por lo que inteligentemente Lippi hizo ingresar a Del Piero para buscar una más rápida circulación de pelota, a la espera que el cansancio hiciese aflorar “baches” en la zona defensiva teutona.
Italia no tuvo apuro. Espero su momento y cuando todos apostabamos a la definición por penales, una buena combinación colectiva fue culminada por Grosso con un remate bien “rosqueado” que superó la estirada de Lehmann.
Y el público local no se reponía todavía de ese baldazo de agua fría cuando Del Piero puso el golpe final a la ilusión alemana con una definición de alta categoría.
El domingo el fútbol italiano (que en el plano domestico atraviesa una crisis muy profunda por corrupción) puede llegar a la cima del mundo. Esperan desde 1982 y, en verdad, no eran muchos los que apostaban que llegaban a la final. La propia prensa italiana castigó a este equipo con duras críticas, que en gran medida fueron justificadas. Porque este equipo de Lippi está muy lejos de deslumbrar, pero es efectivo y allí esta el resultado.
Alemania nunca le pudo ganar a Italia en un Mundial Estaban sus jugadores, su técnico y su público esperanzados en que esta vez iban a poder. Tendrán que esperar otros cuatro años para intentar romper el maleficio.
